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Mente sana en cuerpo sano: cuidar la mente para cuidar el cuerpo

“Mens sana in corpore sano” esta cita del latín nos recuerda la conexión existente entre la mente y el cuerpo y cómo la salud de la una repercute sobre la otra. Lo decían los romanos, pero en la época actual hace tiempo que la ciencia ya corroboró esta relación.

Las emociones surgen como mandatos de la mente, la cual reacciona al medio (cada uno reacciona de una manera en función de su genética y de su aprendizaje de vida) para adaptarnos a él lo mejor posible. El cerebro ordena entonces, dependiendo de cómo interprete una situación, que se segreguen unas hormonas o sustancias químicas determinadas en el cuerpo. La reacción fisiológica de dichas sustancias genera una sensación que, con la intensidad suficiente, se percibe como una emoción.

Las endorfinas y la oxitocina provocan  emociones relacionadas con la felicidad y con la relajación. En contraposición, el cortisol provoca una sensación de estrés que, si se prolonga en el tiempo, acaba debilitando el sistema inmune. El estrés crónico esta conectado con trastornos psicológicos cada vez más presentes en nuestra sociedad, como los trastornos de ansiedad o los trastornos del estado de ánimo (por ejemplo, la depresión). A parte de los componentes emocionales de dichos trastornos, que limitan enormemente a la persona, aparecen también consecuencias físicas, ya que la presencia continuada de estrés puede afectar a nuestros órganos, actuando en un inicio sobre aquellas zonas más vulnerables. Así, una persona con una piel sensible puede padecer dermatitis atópica, como síntoma psicosomático, debido a la presencia prolongada del cortisol que ha debilitado sus defensas.

Es por ello importante que cuidemos nuestra psique, aprendiendo a gestionar nuestras emociones para que éstas no se repriman y acaben debilitándonos a todos los niveles. Las emociones tienen la función biológica de informarnos de nuestras necesidades. Si ante una situación reaccionamos con enfado, es que para encontrarnos bien y en equilibrio, debemos poner límites; cuando sentimos tristeza necesitamos apoyo; si reaccionamos con miedo es que buscamos seguridad (ya sea huyendo o enfrentando la amenaza); cuando sentimos alegría significa que hemos conectado con alguien/algo y esto nos lleva a querer expandirnos para continuar sintiéndonos bien. El problema aparece cuando reprimimos emociones porque las juzgamos como negativas “llorar es de débiles; no debería enfadarme por esta tontería; sentir miedo es de cobardes; no voy a disfrutar tanto, que ya llegarán las decepciones”. Cuando se reprimen de forma continuada las emociones, éstas se van acumulando, generando una sensación de insatisfacción, ya que al reprimirse la persona está negando su autenticidad.

Si uno acumula mucho, ocurre que le resulta muy difícil identificar lo que siente y qué es lo que le genera malestar, porque ya no sabe por dónde empezar. Aparecen síntomas de ansiedad o intensa tristeza porque se ha pasado por alto lo que para uno es importante. En personas con diferentes problemáticas se encuentran años de renuncias a cosas que deseaban, de huidas de proyectos que les interesaban por miedo al fracaso, de prohibiciones porque “hay que ser de otra manera”, provocando esto un estado de malestar generalizado.

En estos casos es fundamental aprender a gestionar adecuadamente las emociones, desarrollar recursos que te permitan manejar las dificultades del día a día y asumir una actitud de autovalidación y autorespeto, que te ayude a perseguir tus objetivos vitales. Tomar consciencia de nuestras emociones y tomárnoslas en serio no quiere decir que hagamos en todo momento lo que nos dé la gana. Va haber situaciones en las que uno se tiene que frustrar, ya que existen una serie de condicionantes sociales (por ejemplo: quizás no quieras expresarle a tu jefe lo que piensas de él, porque podría suponerte alguna pérdida que no deseas asumir). A veces uno pasa por el aro, porque valora que le compensa hacerlo, y no supone un problema mientras ésta no sea la dinámica predominante en su vida y mientras sus renuncias no tengan que ver con los principios que le definen como persona.

En aquellos casos en los que uno se vea sobrepasado y no sepa como recuperar su bienestar emocional, puede llevar  a cabo una psicoterapia que le ayude en este proceso. Cuidar la mente y el cuerpo influirá positivamente en nuestra salud global. Lo uno es inseparable de lo otro.

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